La representación de la Justicia en el Arte: Evolución de la Iconografía jurídica desde la Antigüedad hasta la Edad Moderna - Derecho Antiguo

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martes, 29 de abril de 2025

La representación de la Justicia en el Arte: Evolución de la Iconografía jurídica desde la Antigüedad hasta la Edad Moderna

 

         La función esencial que alberga el estudio de la representación artística, especialmente referida a la iconografía que enmarca la Justicia en su percepción más figurativa como virtud cardinal, resulta haber sido en un primer momento encasillada por muchos como una simple tarea reducida a la mera abstracción terminológica de cierto discutido alcance, propensa a ser vinculada principalmente con la política o la filosofía jurídica. Pero aún existen aquellos quienes todavía dan su desligada y persuasiva opinión a que la misma ha comenzado a superar las expectativas convirtiéndose en uno de los temas de investigación más indagados por un número incontable de estudiosos en los últimos años, quienes cada vez mayormente intrigados, tratan de hacer crecer y transmitir su conocimiento a los demás acerca de esta casi tan olvidada materia. Y a raíz de ello, su estudio no solamente trasciende al ámbito académico de la filosofía, la política y el Derecho, sino que también se extiende dentro del propio gremio histórico-artístico, derivando consecuentemente en un enigma planteado sumamente enriquecedor que pretende atraer en cada instante una mayor curiosidad del público.



Fotografía modelo de la Justicia personificada

   

          Resulta parecer cierto el hecho de que cuando se piensa en un inicio acerca de la justicia en un sentido más terminológico, el individuo tiende a relacionarla con una idea ya previamente preconcebida que resulta poseer de antemano en su mente, ya fuera por causas relacionadas con la experiencia vivida, o adquirida a través de una doctrina antes estudiada, posiblemente influenciada a través de distintos medios, como los relativos a la comunicación o políticos. Pero es una cuestión que además sobrepasa los límites y los esquemas prestablecidos por la propia abstracción de su significado terminológico. Esto se debe a que, por naturaleza, los seres humanos son más propensos a alcanzar un mayor nivel de comprensión sobre cualquiera de las materias si las observasen y reconociesen directamente con su propia vista, percibiendo así un enfoque esclarecedor que les permite alcanzar un mayor grado de su comprensión. Esta labor y aprendizaje la pretende suscitar el estudio de la iconología e iconografía, y en su caso, mediante la representación de lo inmaterial o abstracto, para por ende fortalecer su compleja conexión con un mejor entendimiento. Y es que el estudio de las imágenes, y concretamente de la Justicia en su aspecto más distinguible, ha sido una función milimétricamente dedicada al desarrollo durante los siglos, cuyas diversas composiciones y variantes artísticas han llevado a consolidar progresivamente una determinada forma personificada y más concreta de la misma, permitiéndonos llegar a reconocerla en la actualidad.



    Desde los orígenes de la especie humana, cada hombre y mujer de su respectiva sociedad ha tratado constantemente reflejar cualquier evidencia acerca de sus creencias, sentimientos, razones y consecuencias de sus actos. Eventualmente, su preferencia fue inclinada hacia la representación gráfica al considerarse como el modo más fácilmente adaptado para trasladar sus teorías, tal y como ocurría con la belleza, el poder, el amor o la propia justicia, entre otras virtudes. Por poner un ejemplo, en la sociedad de los etruscos, la simbología que recaía en los objetos o los fenómenos más distintivos, como ocurría con la propia naturaleza, otorgaba a estos una visión icónica y firme que describía perfectamente su cultura y tradicionalismo. Así pues, los árboles, y concretamente los robles, eran contemplados por estos como unos lugares de reunión sagrados, siendo determinados por unas razones espirituales que vinculaba estrechamente la divinidad con el entorno, y donde las figuras de los altos sacerdotes ostentaban los poderes necesarios para actuar a través del papel juzgador y deliberativo.



Frescos medievales con representación etrusca.
Muralla de Massa Marittima, siglo XIII 



       Pero incluso en la propia actualidad, tendemos a observar como la visualización que posee tal virtud cardinal, antagónicamente concebida como abstracta e incomprensible, se ha llegado a convertir con el tiempo en una forma icónica, reconocible y dotada con un significado alegórico muy determinante para la ciudadanía y el sistema del orden, mediante la representación clave de su mirada. Esto es, a través de la representación (normalmente escultórica) de la Justitia o Iustitia Clásica romana, fruto de la tradición histórica. Se trata de una figura femenina erigida de pie, sujetando en cada una de sus manos un objeto distintivo, concretamente una espada y una balanza de doble platillo, alzando este último en lo más alto, apareciendo tradicionalmente retratada con una venda colocada alrededor de sus ojos.



Modelo de Justitia o Iustitia Clásica romana



        En ese caso, ¿Tal es la comprensión real que creemos entender por la representación personificada y material del sentido alegórico que recibe la Justicia como virtud cardinal e inmaterial? Dicho modelo se ha generalizado, adaptado y extendido a lo largo y ancho de los distintos ordenamientos jurídicos que conocemos actualmente gracias a su evolución histórico-representativa, cuyo desarrollo ha ido progresivamente surgiendo a partir de los inicios de las grandes civilizaciones de la Antigüedad. Incluso en la actualidad, podemos encontrar determinadas variantes representativas de este concepto por parte de distintos autores artísticos mundialmente destacados que, a través de sus innovadoras e individuales formas de crear el arte, tratan de darle una interpretación a través de su nítido sentido de la técnica e imaginación, fomentando con ello la contribución al desarrollo de su imagen figurativa y repercutiendo en un creciente asombro del público. Por poner un ejemplo, destaca el actual escultor Juan Up, quien le otorga un enfoque más alternativo a la tradicional simbología de la justicia, por medio de la utilización de una temática un tanto más futurista. Con ello trata de transmitirle a su espectador la perspectiva que se recubre en el tránsito y el progreso de esta materia, tal y como lo hace con Neuroma (2014) o Representación de la justicia del futuro (2025), trasladando una sensación que persigue romper con las teorías y esquemas más dogmáticos del arte conceptual y la justicia en cuestión.



«Neuroma» de Juan Up, 2014



Representación de la justicia del futuro,
de Juan Up, 2025


     Asimismo, existen otras técnicas y enfoques que toman como referencia los distintos autores en sus obras, sin decantarse por el carácter futurista, pero inclinándose hacia un contexto vinculado a un ambiente mayormente melancólico y de realismo espiritual. Un ejemplo de ello, lo hace posible la representación que hace Jaume Plensa a través de su escena escultórica de La Dama de la Justicia, caracterizada por carecer de la antes mencionada venda en sus ojos. Con ello probablemente trata de impresionar a su público al fomentar una reivindicación que reflexiona acerca de la sabiduría y la imparcialidad que hace alusión al concepto, así como pretender dar una mayor visibilidad y transparencia de este.


    Lo que supone esta idea de la imagen tan simbólicamente célebre y reconocible actualmente, ya no solo por los juristas y estudiosos del Derecho en general, sino por cualquier ciudadano corriente, es que sus orígenes en la personificación se remontan principalmente a la época de la Antigüedad y la Edad Media. En ellas, la cultura, la sociedad y los valores tradicionales hicieron posible constituir en su conjunto unas virtudes alegóricas que vieron la necesidad de ser contempladas de una forma más canonizada.


      El orden en la tierra que emanaban los dioses fue el principal tópico que motivó a las civilizaciones más importantes a la necesaria labor de crear un escenario más gráfico que relacionaba directamente la divinidad con el concepto de los poderes y de sus poseedores, situados bajo el pretexto de una realidad aclamada por la religión y los dogmas éticos.


      Para la gran mayoría de los historiadores, los orígenes arcaicos a los que se remonta propiamente la representación de la Justicia en su formato alegórico como virtud cardinal se encuentran en Babilonia, lugar que posiblemente sea considerado el determinante clave y punto de partida como inicio en el desarrollo progresivo de su iconografía.  Según nos indica GARCÍA GONZALEZ, J. M., aproximadamente entre los años 2350 y 2100 a.C la adoración del dios Shamash, (teniendo posteriormente una cónclave influencia en la elaboración del emblemático Código Hammurabi trajo consigo la necesidad por sus fieles habitantes de transferir su figura inmaterial a la imagen y semejanza del ser humano, mediante una escenificación artísticamente grabada y realizada con el uso de un objeto cilindrado rodante que, impregnado con una tinta característica, representaba teóricamente su presencia en la Tierra junto a otros dos individuos que lo acompañaban en su travesía, portando cada cual unos objetos significativamente distintos, siendo estos una cabra y una balanza de doble platillo. Como se verá posteriormente, la identificación de la presencia de la divinidad solar, al igual que su representación traslativa y metafórica a través de cuerpo y rostro humanos, tendrá una relevancia marcada dentro de las distintas civilizaciones antiguas, cuyos elementos y atributos continuarán plenamente en uso en los milenios venideros.



Código de Hammurabi


     En las civilizaciones de Mesopotamia y Egipto, donde la religión constituía el pilar esencial en la consolidación de los distintos poderes en su conjunto, era costumbre relacionar la representación de esta virtud con el fenómeno de la divinidad solar, acompañados de ciertos elementos propiamente característicos de cada sociedad. Así pues, en el Antiguo Egipto era tendencia vincular la justicia con la diosa MAAT (Hija del Sol), cuya figura era adornada con un elemento sumamente relevante para su cultura, una pluma de avestruz, siendo esta última empleada a menudo en situaciones de contextualización funeraria, o incluso espiritual. A diferencia de estos, la representación en Mesopotamia resultó decantarse preferentemente por las figuras masculinas, esto es, representados a través de dioses varones ligados también a la divinidad solar, pero a la semejanza humana. Estos eran retratados en calidad personificada de un Dios-Juez, el cual aparece sentado en un trono y sujeta tales atributos en sus manos como son una vara de medir y un cetro, creando una ilusión de un poder no sujeto a límites. Además, la alusión a los elementos solares hacía referencia directa con la divinidad que culturalmente, en asociación de origen a Babilonia y Egipto, se asociaba comúnmente con la veracidad.



Representación alegórica de la diosa MAAT 
Antiguo Egipto


    En Grecia, la importancia de la mitología y la cultura grecorromana suponían un punto de referencia tan sumamente notorios e influyentes que afectaban prácticamente en todas las direcciones y culturas. Al igual que ocurría con las demás virtudes, la justicia tuvo también su fiel protagonismo mediante su personificación en la Antigüedad Clásica. Así pues, lo que distinguía principalmente a Grecia del resto de civilizaciones, era el hecho de que la percepción tradicional de las cosas se concentraba profundamente en analizar y suscitar la cuestión acerca de la realidad mediante los instrumentos de la filosofía, la moral y la ética, algo que trascendía notablemente dentro del ámbito de la representación artística clásica.



       La justicia era considerada para los griegos como el divino orden del universo, un pensamiento que se hizo eco mediante la personificación de la figura de la Diké o diosa de la Justicia, que, junto con su análogo romano clásico, sentaron las bases de su emblemática representación que se conoce hoy en día. Su tradicional reproducción mitológica la retrataba en la posición sentada sobre una balanza bajo el trono de su padre Zeus. Pero su forjamiento iconográfico en el arte quedaría significativamente expuesto gracias a las influyentes corrientes filosóficas que emergían en aquel entonces. Principalmente eran aludidas a las figuras de Platón y Aristóteles, que a su vez contribuían en impartir una labor que centraba gran parte de su foco de atención en la unificación de la concepción ética con la belleza y la amistad, dando consecuentemente lugar a un icono alegóricamente imperfecto y vinculado a las virtudes que caracterizaban los actos y las consecuencias del hombre reflejada a la imagen de los dioses. Y con ello, se consiguió forjar el icono reconocible de la Themis, como la ilustración más representativa en la iconográfica de la Justicia, dotado de un significado alegórico-figurativo que en sus tiempos se atrevía a poner en duda y consideración las acciones humanas sobre una emblemática balanza de doble platillo, consolidando sin ningún reparo su icónica identificación que traspasaría a la tradición histórico-artística por milenios.



Alegoría de la Justicia - Temis
Marcello Bacciarrelli


     En Roma, la filosofía no consideraba tanta repercusión en la cultura o el arte como ocurría en su vecina Grecia. Lo que fundamentalmente caracterizaba la esencia romana rondaba el pragmatismo y la máxima utilidad que estos mismos podían aportar para el interés social y la moral pública. No concebían la perpetuidad de la abstracción con el realismo, sino que creaban su propia perspectiva del entorno a través del uso de herramientas como la lógica y la razón. Además, era considerada una civilización que buscaba la justificación de sus orígenes mediante el idealismo y la grandeza de las cosas, sin temor a cualquier influencia que pudiera interferir en su identidad en cualquiera de sus etapas históricas. Pero, aunque estas fuesen las notas definitorias que marcaron la masiva civilización que todos conocen, esta no excluye cierta aceptación de la influencia griega que tuvo lugar en determinados ámbitos cotidianos, destacando en el arte, la cultura, o incluso en los principios ético-morales como fueron la equidad, la mesura y la moderación, llegando a cierto contraste con su aparente realidad como modelo preconcebido.



       La iconografía personificada de la Justicia fue marcada por una imponente faceta que englobaba la autoridad y la propaganda política de la época. El concepto del poder fue atribuyendo una mayor representatividad artística que ensalzó consigo la importancia y la majestuosidad que definía la cultura romana, vinculada también con su grandeza del triunfo militar y la propaganda política. Por ello, su relación con el término de lo justo era comúnmente manifestado a través de figuras representativas de los fasces de los lictores o los trofeos militares. No se excluía tampoco la existencia de diversas versiones de figuras femeninas y portadoras de los atributos propios de la tradición grecorromana, tales como una balanza equilibrada, ramas de olivo, espadas o cornucopias, entre otros.

 


Triunfo de Baco
s. II, Hispania romana


   Con la llegada de la Edad Media, el estudio acerca del pensamiento filosófico-teórico que planteó en su momento Platón reavivó la posibilidad de reforzar el carácter simbólico y divino que previamente venía recayendo sobre su representación alegórica. Los vicios y las virtudes marcaron en la época del medievo una nueva tipología de representación, cuyo objetivo requería un mayor acercamiento del pueblo hacia la religión, suscitado por los valores tradicionales que promovía el cristianismo y sus élites eclesiásticas. Por lo tanto, el arte cristiano medieval jugó un papel tan vital que supuso reacondicionar las costumbres y sentimientos previos que la sociedad occidental venía adoptando desde la Antigüedad Clásica. Esto hizo posible mediante el uso de la simbología y de los elementos parlantes de las virtudes, entre ellas, de la Justicia. El mensaje captado a través de la observación era la forma más directa de establecer una conexión idónea generalmente con el pueblo llano y las esferas más bajas de los estratos sociales, donde el analfabetismo y las carencias de oportunidades, especialmente en la escolarización, requerían ser suplidas por unas alternativas más contundentes que sirvieran como conductores de la comprensión y originasen una explosión inaudita de las emociones.

 


     En estos casos, al igual que se verá renovado más tarde en el periodo de la Edad Moderna, el uso de las artes plásticas y su técnica representativa en imágenes de un Cristo-juez, acompañado por diversos personajes bíblicos como fue el arcángel San Miguel, era comúnmente asociado con la temática eclesiástica del Juicio Final (Lopez, 2006). Esto servía de una manera para colocar en situación y alertar a la ciudadanía sobre las posibles consecuencias de sus resultantes actos en vida, tratando al Dios Todopoderoso y Cristo como las figuras modelo de autoridad tanto en la tierra como en el cielo, o es lo mismo que, en la otra vida. Además, el uso de los elementos de la naturaleza, como son el león, la salamandra, o la garza, complementaba la atribución y vínculo sobre la realidad acontecida en la tierra y la divinidad, concibiéndolo de un modo más creíble y familiarizada para su espectador, fomentando con ello una sensación de seguridad interna conforme a lo que en su momento a uno le incitaba a considerar como lo más justo.

 


Mosaico del Juicio Final en Torcello


      En el arte italiano, a partir de finales del siglo XV d.C y con ello entrado en el Alto Renacimiento, la difusión de la representatividad y personificación en esta tradición artística fue adquiriendo un mayor grado de avance y popularidad, especialmente tras recobrar e reinventar determinados estilos provenientes de la cultura visual romana clásica que, sin desligarse de la esencia que transmitía el tradicional progreso voluptuoso de las técnicas e influencias de los entonces artistas italianos, conseguía llevar a cabo la inminente impresión del público al someter la grandeza estética, la simetría e idealismo que encubría la identidad grecorromana.


      Francesco Petrarca fue uno de los autores poetas originarios que tantos otros permanecieron fieles a continuar transmitiendo el carácter triunfal románico en sus obras, en este caso, literarias. A través de Seys Triunfos, con la participación alegórica de diversos personajes y dioses, fomentó la conservación y alzamiento de la identidad que plasmaba el estrecho, pero casi tan perdido vínculo con el legado y la grandeza del Imperio romano. Además, sostenía la necesidad de aspirar a un pensamiento más humanista que volviera a resonar los valores que entablaban una relación con el universo y el ser humano, incluyéndose las virtudes como fuentes primordiales de la sabiduría humana.



Los Seys Triunfos,
Impreso por Arnao Guillén de Brocar, 1512


     Varios son los ejemplos de artistas que surgieron con sus técnicas hegemónicas de crear un arte que introducía un novedoso lenguaje pictórico para diversas temáticas. Esto tuvo un especial impacto en la tradición iconológica y representativa del poderío y de la virtud cardinal de la Justicia, al conservarse determinados elementos y estilos que siguieron consolidando el factor clave de la tradición histórico-artística. Pero uno de los autores que resaltaron la importancia de esta temática, y especialmente en la iconografía y su personificación, fue Piero della Francesca y su obra conceptual Triunfo de Federico de Montefeltro, realizado por encargo del duque de Urbino y su esposa. En su cuadro pictórico, la Justicia queda representada sentada con la mirada fija y gélida hacia su espectador, como si quisiera transmitirle algún mensaje o una alerta, acaparándose todo el protagonismo del entorno. Los elementos y atributos que sostiene son tradicionalmente propios de los iconos que tienen un directo vínculo con los mensajes que incita al conocimiento de lo que resulta justo, una espada romana a punto de blandirse y una balanza de doble platillo, como si de un despliegue majestuosamente triunfal se tratara, retratándose el ambiente con unas tonalidades que consiguen trasladar una sensación clara de la riqueza y el poder. Asimismo, en los textos del Sueño de Polifilio, concretamente en su folio IV queda representada una análoga imagen que muestra un significado manifestante de una sentencia. A través de su combinación de objetos que resultan parecer familiares, como son la combinación en su conjunto de la espada, la corona y una palma de la justicia, transfieren una marca de la justicia que ronda la sistemática ideología atada a la moralidad y la política.



Triunfo de Federico de Montefeltro,
Piero della Francesca,
Florencia, Galleria degli Uffizi


        Ahora bien, como propósito esencial que recubría la labor de la iconografía de esta virtud, sentaba su contexto precedente en una etapa clave de la historia donde los sectores de los más intelectuales y humanistas eran congregados para conciliar y enlazar los valores comunes de la moralidad cristiana junto con los éticos resultantes de la Antigüedad Clásica. Esta tendencia fue revelada con los edificios públicos y su magnitud arquitectónica. Un claro ejemplo la trató Pietro Lamberti con el levantamiento de la Porta della Carta (s. XV d.C) donde la abundancia de la riqueza en su terminal edificación recogía el enclave de sus cuatro virtudes (la fortaleza, prudencia, claridad y templanza), constituyentes del engranaje que ideaba la Justicia en su esfera personificada. En ella, da lugar una aparición de una matrona flanqueada por dos leones que sujetan una espada con la punta en alza (Lopez, 2006). Esta forma de interpretar alegóricamente el término dentro de las artes visuales tiene su refuerzo vinculante además con las labores teórico-literarias de la época. A raíz de ello, resalta, dentro de otras significativas, la prometedora figura del pensador y poeta griego Teognis, el cual recita en su aclamada obra de la Elegía 147, el hecho de que en el interior de la Justicia se encuentran absolutamente todas las demás virtudes, constituyendo un enigma que con los tiempos ha resultado plantear demasiadas cuestiones dada su ambigüedad filosófica y carencia de objetividad, aunque paradójicamente consiguiendo traer consigo y reafirmar una concepción de un término unitario que engloba todas las demás en él mismo.

 


Porta della Carta,
Pietro Lamberti
Venecia


         La influencia inclusiva de la ideología neoplatónica en el arte, trajo consigo una influencia sumamente marcada por ciertos matices ideográficos relacionadas con la belleza, la verdad y el bien, cuyos autores posteriormente adaptaron con un sentido natural y alegórico la percepción personificada de la virtud que, continuando con la tradición de y la preferencia histórica, avanzó con cierta determinación en su labor representativa del Clasismo/Manierismo italiano. Recordando al ilustre artista Rafael Sanzio, mediante la representación de sus frescos en la bóveda de la icónica Stanza della Segnatura, este presentó una portentosa y clara alusión a la Justicia con los atributos propiamente tradicionales que la atañan. Le otorga una personificación a esta virtud junto con las corrientes filosóficas, poéticas y teológicas, adaptando cada esencia de su significado a imagen de una figura femenina que emerge de entre la nubosidad, encarnando con su voluptuoso emblema un ambiente contextualizado en la disciplina y la divinidad, sosteniendo una balanza y una espada como simbología reconocible en dicho conjunto ético-alegórico. El decoro que realiza en las paredes de esta se deja representar de forma entrelazada las tres virtudes cardinales, teniendo relación concreta y directa con la propia Justicia y el Derecho. Todo ello, acompañado de la presencia y escenificación de figuras notablemente significativas como son San Ramón (Raimundo) de Peñafort, Gregorio IX y el Emperador Justiniano.



Stanza della Segnatura,
Rafael Sanzio,
1508-1511
Vaticano


       Otra cuestión que resulta suscitar la inmersión en esta materia radica en los grabados alemanes de los siglos XV-XVI d.C. En estos, el resurgimiento de los modelos medievales originales adoptó un novedoso cúmulo de facetas y atributos artísticos para la Justicia. Alberto Durero calcó dicha estrategia a través del Sol Iustitiae, grabado cuyo mensaje ronda lo predilecto con el sentido que predica la salvación eterna. En él, Cristo aparece representado sujetando una espada y una balanza de doble platillo, sentido que lo encierra en una personificación referida a la efigie de un Juez Supremo.



Sol Iustitiae
Alberto Durero
1499-1500


   Las grandes familias monárquicas de la época también fomentaron la participaron de la escenificación de dicha tendencia artística. Un claro ejemplo resultó concebirse a través de La Justicia de Hans Burgkmair, cuyo grabado fue elaborado por encargo del propio emperador Maximiliano I de la casa de los Augsburgo. En dicha personificación, una figura femenina de aspecto encorvado sujeta en sus manos un objeto especialmente novedoso. Es un globo terráqueo con un atributo en su interior, una balanza. En su otra mano, sostiene su espada en posición alzada. Su forma tan particular se prevé especialmente atribuible al peso, manifestado como el precio que asume la propia Justicia.



La Justicia
Hans Burgkmair
1540



   Con la transición a la Edad Moderna, el conocimiento que el pensamiento tradicional europeo amontonado desde la época clásica de la Antigüedad tuvo su paradigma sustancial en la importancia e influencia que supusieron los Hieroglyphica de Horopolo, procedente del antiguo Egipto y traducido por los griegos. Se presume que lo principalmente resultante de aquellos jeroglíficos guardaba una estrecha relación con la relevancia incoada por la simbología de los animales y la naturaleza, algo que trasladó su tipología alegórica posteriormente al entorno artístico utilizado en la época moderna. En dicho arte, Horapolo del Nilo relacionaba metafóricamente la Justicia con la pluma de un avestruz (Pluma de la MAAT), manifestada según la costumbre cultural egipcia con todo lo vinculado a lo equitativo de las cosas. A su vez, estos objetos eran caracterizados por poseer un tamaño y medidas idénticas, simbolizando con ello la terminología que asocia la equidad con las razones asemejadas al equilibrio, la verdad y la Justicia situadas en un conjunto hallado dentro del orden cósmico, paralelamente planteado dentro un contexto que enlaza la virtud con lo que resulta considerarse como lo sagrado.



Hieroglyphica de Horapolo
Publicado y traducido por David Hoeschel
1595


       Con el paso del tiempo, y con ello de las percepciones más modernistas de concebir sistemáticamente el arte reflejado en el avance y vigilia del pensamiento y de la ciencia, la virtud obtuvo un enfático margen de interpretación que situaba su trato alegórico a un estado y nivel de evolución que fuertemente consolidaron su estigma significativo. La Justicia comenzó a mostrarse con una concepción categóricamente vinculada a la palpable moralidad que, junto con el empleo de determinados elementos naturales previamente implementados, fomentó la creación de un nuevo estilo literario que fundó un voluptuoso y lenguaje alegórico. Los Emblemas de Andrea Alciato fueron testigos de esta introducción constitutiva que trajo consigo dicho género, y transformó drástica y alegóricamente la razón por la que anteriormente venía entendiéndose el concepto del poder y la justicia. Así pues, en su Emblema núm. XXIX traslada un mensaje que tiene que ver con la relación manifiesta entre la Justicia y el poder. Y es que, según interpreta LÓPEZ, M. I. R., tal manifestación resulta posible observar en el momento en que la misma virtud consigue eventualmente batir a los sujetos concebidos socialmente como poderosos designados por naturaleza, como a los propios leones.



      Otra de las tantas referencias alegóricas que predominaban los espacios artísticos en su momento tuvieron una referente clarificación acerca de la desnudez y transparencia que presentaba la tradicional visión de la virtud. La Justicia Vigilante del renacentista Virgil Solis elabora un elocuente y distópico ángulo interpretativo en su personificación a través del grabado de una figura femenina que, sujetando una balanza y una espada alzada en términos aludidos a su simbología históricamente transversal, exhibe uno de sus senos como su muestra a la verdad desnuda, apartando la mirada de su rostro conectado con la sintonía y crítica de un posible apego melancólico con la realidad. Los elementos que complementan su obra tienen que ver con un ambiente propiamente decidido y enfocados al paisajismo natural, como es en el caso de la garza y su extremidad levantada, así como también la piedra que esta posee en su garra. En su conjunto, estos curiosos elementos dotan del carácter complementario y metafóricamente necesario que a su vez debe de transmitir la justicia por su obra y labor intensa como la continua vigilante del entorno social y político.



La Justicia Vigilante,
Virgil Solis
1540


 

   La llegada del Barroco también trajo consigo una novedosa y alternativa forma de percibir alegóricamente el carácter más explícito de la virtud como fruto de la progresión evolutiva y de la cultura filosófico-literaria. Especialmente en Italia, la costumbre de su representación en este último ámbito se hizo posible a través de la labor dedicada a su plasmación de distintas portadas delanteras de varios textos, libros y tratados de distinta índole. Otro de los cánones artísticos versaba sobre la unificación de distintas virtudes en una misma obra con el fin de transmitir un mensaje alegórico que exaltara los valiosos valores humanos, siendo común de entre las élites y los eslabones más altos del pueblo italiano. Elisabetta Sirani elaboró una de las imágenes más tradicionales del característico barroco alegórico. Con muy temprana edad y una maestría sorprendente, realizó por encargo de la casa de los Medici la representación de La Giustizia, la Carità e la Prudenza, una obra muy distintiva que vinculaba las tres virtudes particulares (La Justicia, Caridad y Prudencia) a través de la personificación en tres figuras femeninas reflejadas metafóricamente por cada una de estas. Concretamente, la figura central es ocupada por la Justicia, portando consigo los tradicionales elementos característicos de la espada alzada y balanza, creando una sensación que busca en todo momento la fugitiva mirada en el rostro por las restantes figuras, un juego que parece transmitir algún tipo de mensaje a su expectante y curioso público. Según opina en su artículo BOLAÑO, E., con el pretexto de que la artista pudo haber sufrido incondicional e intensamente la incomprensibilidad de su talento artístico por los demás, cita textualmente:


¨Quizás Sirani, dio especial protagonismo a esa Justicia central, exigiendo la retirada de las acusaciones contra su honor. Incluso estampó su firma, inscrita con las letras que componen su nombre, en los botones del vestido de Justicia¨. (Bolaño, 2022)

   


La Giustizia, la Carità e la Prudenza,
Elisabetta Sirani,
1664


       Sin embargo, el estudio fundamental que despertó el entusiasmo de los precedentes artistas e iconógrafos occidentales tuvo su relevancia clave gracias a los aportes de investigaciones llevados a cabo por el ilustre Cesare Ripa y su imprescindible fuente literaria de la Iconología datada con la primera edición en 1593. Ripa, como autor de numerables tratados y producciones artísticas de calificación alegórica y culturalmente visual, sentó los cimientos sobre la que colocó la necesidad posterior de recabar con una mayor profundidad el estudio ceñido en la codificación de esta materia. Según SARMIENTO, E. V., resulta parecer sensiblemente minuciosa y didáctica la manera en la que el autor trata la naturaleza de los hombres y su relación con las virtudes, ya que este pretende personificar lo materialmente simbólico y presuntamente irreal a través de una focalización alternativa un tanto alejada del alcance físico, pero conectada de una forma íntima con el entorno natural y celestial, mediante la utilización de elementos debidamente reconocibles y procedentes del mundo clásico para la comunidad social del aquel entonces. Por otra parte, la fuerte representación metafórica utilizada de influencia medievalista y la transmisión de una perspectiva mensajera moralizadora, sirvieron conjuntamente para conmemorar una mayor visibilidad de las virtudes cardinales, tanto con el uso sistemático de las figuras masculinas que representaban en su Tratado cada uno de los meses estacionales del año, como la alusión analíticamente detenida a los tratadistas de agricultura clásicos. Tal resulta su muestra a través de la simbolización de la Justicia Divina y las seis demás variantes de referencia que tratan la personificación alegóricamente interpretativa que esta figura obtuvo a través de distintos elementos y procesos evolutivos que con el paso del tiempo caracterizaron individualmente a cada una de estas.



Iconología,
Cesare Ripa
1593,
Roma


       En su artículo de investigación, CASTAÑEDA, M.M. (2023), identifica las distintas referencias tipológicas, aunque no en su totalidad, de representación alegórica de la virtud según la tipología significativa enfocada según Ripa. La ilustración de Justicia ¨personificada¨ describe a una figura femenina vestida de color blanquecino y con los ojos vendados, sujetando con la mano derecha unos fasces y una llama de fuego con la izquierda. A colación, GARCÍA, R. F., expone en su trabajo la posible traducción que ofrece la edición francesa de la obra de Ripa acerca del significado pertinente de la venda tapada y la espada, volviendo a citar: “El emblema aceptado generalmente para designar a la Justicia es la balanza que pesa los derechos del ciudadano y la espada que sirve para vengar estos mismos derechos ofendidos” (Gravelot-Cochin, París, 1791), entendiéndose la pretensión que suscita la sentencia oculta hasta su dictamen final por parte de la figura del Juez. Respecto de la llama de fuego, su significado queda vinculado presuntamente a un foco interpretativo con la divinidad, aclamándose la ¨justicia divina¨.



Justicia ¨personificada o común¨ (Iconología)
Cesare Ripa


     La Justicia Divina, metafóricamente puede identificarse mediante una figura femenina representada a través de una individual belleza, siendo vestida y coronada de ornamento dorado, aludiendo al significado vinculado de la luminosidad y pureza solar, que porta consigo una balanza y espada en cada una de sus manos. Según sintetiza RUIZ GALLEGOS, Y. E., la balanza como atributo que ha ido trascendiendo desde la Antigüedad también ha constituido una importante labor en la cristiandad de la Europa Occidental. Justamente su relación viene ligada a la importancia canónicamente religiosa del Juicio Final y la esencial participación del Arcángel San Miguel como el portador de dicho elemento reflejado en el Cristo-Juez. CASTAÑEDA M. M. (2023) por su parte enfatiza el hecho de que la presencia modificativa de elementos a menudo, tales como del avestruz o su pluma sustitutiva en una de sus manos, puede hacer alusión a la equidad como componente esencial de la virtud, según la tendencia paralelamente recalcada por Horapolo en sus escritos. Además, la presencia muy común de una paloma se concibe alegóricamente como la representación del Espíritu Santo y la pureza o la paz que debe llevar aparejada la necesidad de recubrir constantemente el concepto de la virtud.



Justicia Divina (Iconología)
Cesare Ripa


    Otra forma de las aludidas que marcaba la referencia identificativa de la Justicia personificada era concebida a través de La Justicia Recta. En ella, una mujer con una espada alzada en alto lleva una corona y una balanza, apareciendo junto a un can en representación metafórica de la amistad, y una serpiente aludiendo al sentimiento del odio. Estos componentes desvirtúan la posibilidad de la inclinación de la virtud hacia cualquiera de los lados, marcando su carácter esencial basado en la imparcialidad de esta, manteniéndose siempre como recta y uniforme, sin consecuentemente recaer en la tentación de alguno de los extremos opuestos, tanto por el lado de lo amistoso como por odio.



       Por último, una de las matizaciones interpretativas, y un tanto peculiares que se realizan hacen referencia a la Justicia ¨rigurosa¨ e ¨imparcial¨. Según CASTAÑEDA, M. M., la primera de ellas suele aparecer representada con una figura de aspecto esquelético que se encuentra envuelta en un manto de color blanco, portando a su vez una balanza y una espada, concibiendo así al Juez como una figura que se encuentra con la rigurosidad, carácter por el cual no prevé el perdón bajo ninguna condición ni pretexto. La segunda, y la más característica por la venda en los ojos (como alusión a la ceguera de la Justicia que no puede ser corrompida) y su conjunta combinación con atributos tradicionales como la balanza y la espada, teniendo su primera aparición alrededor del s. XV d.C, creándose diversas variantes de esta, como por ejemplo la representación en el Orbis pictus de Comenius datada de 1658, presenciando su carácter de inamovible.



Justicia Recta y Rigurosa (Iconología)
Cesare Ripa


 

     En conclusión, con el presente trabajo se muestran algunos de los aspectos evolutivos que suscitaron el desarrollo y labor llevados a cabo mediante el estudio progresivo de la iconografía acerca de la Justicia como virtud cardinal, la cual ha hecho posible solucionar ciertas cuestiones que desde el antaño permitieron eventualmente otorgar una clara y coherente visibilidad de lo presuntamente inmaterial e inexistente. Con ello, consolida un significado alegórico que permitió a esta materia trascender a lo largo de los milenios sin perder su esencia individual y cumulativa, dotando asimismo la rama del Derecho con un significado razonablemente moralizador y justificativo, siendo marcado por un icono tan reconocible que quedaría grabado eternamente como un emblema artísticamente figurativo en la historia de la humanidad.



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2 comentarios:

  1. Buenas tardes Maxim. Soy Isabel Rodríguez, autora del artículo de la Justicia en las artes plásticas que citas. Te agradezco la consulta y te ruego que pongas mi primer apellido, así suelo firmar yo los artículos. Soy Rodríguez López, María Isabel. Gracias y enhorabuena por tu texto.

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  2. Buenos días, María Isabel. Recientemente me he puesto en contacto con ud. a través de su correo docente para solucionar el asunto. Le agradezco de antemano por su apreciación del artículo. Un cordial saludo.

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